Vivir en la ciudad de las nubes brillantes debe ser como vivir en un cuento,
donde inmensos caballos juegan a ponerse sombreros radiantes y parecer hombres buenos.
No me había despedido de Montevideo. Tenía que recoger mi promesa de que moriría bajo su cielo.
Volví y encontré otra vez al Tero, jugaba a la orilla del mar, sólo él y yo pudimos verlo.
Le dije adios y le pedí que me despida también del Hornero.
No creo volver nunca, pero ya me siento mejor sin promesas perdidas tan lejos y con la imagen más clara de un engañador Tero Tero
Teru teru
grita en un lao
y en otro pone huevo.
Tan redondito como un hornito,
tan abrigado,
es el nido del hornerito.
tan abrigado,
es el nido del hornerito.
Me gustaría poder un día
hacer mi casa
poniendo tanta alegría
hacer mi casa
poniendo tanta alegría

No comments:
Post a Comment