Me hubiera gustado conocerte en Río,
tratar de no adivinar nada de ti.
Caminar contigo lejos de la muchedumbre
y que lloviera.
Te llamaría por el nombre que yo quisiera
y tu me dirías Mari, mi amor.
Seríamos los mismos y como que no lo fueramos.
Comeríamos seguro en la heladería Vero
nieve de mandarina con clavo de olor.
Después jugaríamos a ser los otros
los que no se conocieron en Río
los que juegan a ser aquellos
que también son.
María José Moreno
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