Tuve ganas de abrazarte en Karnak,
de caminar contigo el Camino de Dios
entre las esfinges de Amón.
Quise estrecharte fuerte junto a la estatua de Pinedyem I
sí, a pesar del calor y de tu mirada triste.
Los vendedores nos jalarían la ropa
para llamar nuestra atención.
Seguro tú estarías callado.
Te pondría un te quiero en el oído izquierdo
y como en febrero
nos faltaría otra vez el beso.
Pero hoy nos falta también sentir el antiguo Tebas
¡Lo podemos imaginar! O podemos cambiar el juego...
María José Moreno
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