Yo no llegué al Sinaí buscando un acuerdo de paz.
Tampoco buscaba un esposo con muchos camellos.
No quería bucear en el Mar Rojo porque las medusas me hacen cosquillas.
Tampoco planeaba ver el amanecer desde el Monte Moises.
Sólo quería estar cerca de la tierra amarilla que me hacía guiños desde lejos.
Sharm El Sheikh con sus italianos vestidos de árabes,
con sus africanos de piel brillante y palabras suaves,
con la brisa y ese azul que no es Maroma...
La peninsula es de esos lugares donde quisieras enamorarte, permanecer;
poner una tienda de camisetas y olvidar de donde vienes
y quién fuiste... Sí, como aquella vez.
María José Moreno


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