Aquella tarde-barca en El Nilo hablamos sin vernos a los ojos.
Los dos mirábamos el horizonte no queriendo olvidarlo jamás.
Veíamos las dos orillas buscando algo que no sabíamos qué era.
Retraté una barca gemela imaginando que era un espejo,
pero no estábamos nosotros ahí sino flotando en el paisaje.
La tarde transcurría, escuchabamos música que el viento empujaba.
Al llegar al muelle por fin nos encontramos
en los ojos de un niño que nos miraba a los dos, no sonreía.
Al bajarme me dió un ramita y dijo cosas que no entendí.
Luego me la pidió de nuevo, al parecer ya no la merecía.
En cambio él... inocente y triste merece más que ser el recuerdo
de una viajera despreocupada y feliz una tarde en El Nilo.
María José Moreno


